viernes, 3 de enero de 2014

Bring me back.

Siempre he tenido claro que, desde que escribí mis primeras líneas, en la mayoría de las ocasiones me ha resultado mucho más fácil bosquejar emociones grisáceas, como la tristeza, el abatimiento e incluso la ansiedad, antes que aquellas que me han hecho sonreír de forma genuina y auténtica.
Cuando el corazón aúlla, las palabras brotan solas y se esfuerzan por huir de la apatía que te rodea en ese momento. A veces la rabia. A veces el consuelo de dar forma a lo que te martillea el pecho y te impide conciliar el sueño.

Es curioso cómo cuando la tormenta pasó y pude disfrutar de la calma que se me había negado durante tanto tiempo, todas las voces se silenciaron. Los demonios que me atormentaban resultaron ser un espejismo que yo misma había creado. Algo con lo que yo no quería cargar, ni tenía porqué hacerlo.
Y llegó el silencio. 
No era un silencio oscuro, ni opresor. No del tipo de silencio que asfixia o limita. No lo era, y sigue sin serlo. 
Es un silencio lleno de matices. Lleno de realidad. Un silencio en el que existen un millón de emociones que, para mi sorpresa, conviven en armonía. 
Que me describe un futuro que, a día de hoy, se me antoja perfecto.




_Creo que fue en ese momento cuando ella por fin se dio cuenta de lo que se escondía detrás de lo familiar que le resultaba aquel sentimiento.
La escuché con atención.  
_Él resultó ser todo lo que siempre había buscado.



Y a ti, gracias por el silencio.


viernes, 6 de diciembre de 2013

Arrorró.

Nunca he dado explicaciones acerca de lo que he escrito. Supongo que para todo hay una primera vez.

Prácticamente todo lo que hay aquí escrito tiene un destinatario. Rostros más o menos definidos. Emociones más o menos intensas. La urgencia de tener que extirpar de mí aquello que me abrasaba por dentro.
Como ya he dicho nunca he dado explicaciones. Y nunca he sentido la necesidad de hacerlo. Y mucho menos he tenido la intención de dejar constancia de para quién escribo.
Hoy, sin embargo, te hablo directamente a ti. Soy consciente de que quizás no leas esto nunca. Pero soy aún más consciente de que no puedo obligarte a escuchar algo que no quieres oír. Juro que he buscado la forma de decirte todo lo que un día quedó atrás sin causar más heridas. Y supongo que la única solución relativamente justa que he encontrado es esta. Imagino que si en algún momento apareces por aquí, será porque, por un motivo u otro, quieres saber de mí. 
Sobra decir que no voy a nombrarte. Eso prefiero guardármelo para mi. Tampoco voy a extenderme demasiado. Tu y yo solíamos entendernos sin necesidad de mucho más. Confío en que, al menos eso, no haya cambiado.

Un día te dije que no iba a cambiar de opinión por mucho tiempo que pasase. Los días se han convertido en meses y la que ha cambiado he sido yo. La fragilidad te vuelve fuerte si eres capaz de lidiar con ella. Por suerte o por desgracia, la fragilidad durmió conmigo durante demasiadas noches. Aprendí a arrullarla, a acunarla sobre mi almohada. 
Lo que un día fueron pedazos, hoy puedo decir que vuelve a ser.
Es una historia distinta. Faltan fragmentos, personajes. Pero vuelvo a escribirla yo.
He cambiado pero mantengo mi palabra. Dije que nunca dejaría de echarte de menos. 
Y nunca he dejado de hacerlo.
Quería que lo supieras.


Nunca te conformes con menos de lo que mereces.
S.




viernes, 8 de noviembre de 2013

Unbelievable.

Me sobraron los motivos y me faltaron las razones. Hubo demasiadas casualidades y muy pocas coincidencias. Estuvimos tan lejos de la perfección como cerca del desastre y tuve que decir basta. Basta a las noches tristes y eternas. A la angustia en los pulmones. A los días borrosos y a tu voz.

Dije basta por orgullo, por heridas y por agotamiento. Lo hice por ti. Por mi. Para evitar convertirnos en un recuerdo amargo que destruyese lo que un día construimos casi sin darnos cuenta.
Dije basta a sabiendas de que no quería decir basta.



_ No me fui._ murmuró.
Sentí que el tiempo dejaba de tener sentido. La simplicidad de lo absurdo, de lo obvio.
_ No me fui_ repitió._ Escapé.
"Escapé". Confesión. Culpa. Redención. 
No quise creerlo. No lo que me había dicho. Al fin y al cabo, eso era algo de lo que yo había sido consciente incluso antes que él. No quise creer el que fuese capaz de decirlo. No ahora. No así. No después de todo.



Sé que estás ahí.

viernes, 18 de octubre de 2013

Hometown.

Lo soñé. Una y mil veces. Lo había vivido tantas veces de forma inconsciente que cuando se hizo real, ni siquiera me sorprendió. La misma sonrisa estallando en la cara. Los mismos ojos. Las mismas expresiones. La misma necesidad.
Y aún así, no fue la realidad, ni las similitudes lo que me sorprendió.
Me sorprendieron las diferencias. Los matices. Los detalles. Y sobre todas las cosas, me sorprendió él.
Era la misma sonrisa. Cálida. Apasionada. Canalla. Pero tan desconocida como distante.
Eran los mismos ojos. Espejo de aventuras. Profundidad. Color. Y sin embargo, los sentí hielo.
Exactamente las mismas expresiones. Con una personalidad que se me antojó extraña.

La misma necesidad. Las ganas de sentir lo mismo. La frustración por no poder hacerlo.

Había pasado tanto tiempo intentando conservarle intacto en mi memoria, en mis recuerdos y sobre todo en mis latidos, que obvié que todo había cambiado.
Que nunca será como fue. Que él nunca será lo que fue. 


_Sigues siendo .
Aquella palabra se me atragantó. 




duelo.


jueves, 3 de octubre de 2013

Late.

Me resultó curioso. Siempre había creído que sería feliz cuando alguien consiguiera sacar lo mejor de mí. Quizás por eso me sorprendió. Él no solo sacaba lo mejor de mí. También lo peor.
Supongo que fue en ese momento cuando me di cuenta. No es solo cuestión de estar en los buenos días. Se trata de saber estar a la altura en los malos.



For all the bad days.

viernes, 23 de agosto de 2013

Quite simple.

Dicen que las heridas y los recuerdos te hacen más fuerte una vez cicatrizados. Dicen que te ayudan a visualizar aquello que te ha hecho daño y a no cometer los mismos errores. 
Dicen. Utopías. Lo idílico. La esperanza de que sea así. La necesidad de que lo sea. 
No hay nada poético en el dolor. Nada romántico. Absolutamente nada.

El dolor duele. Destruye. Arrasa. Quema. Hace que te arrodilles ante su presencia. Que supliques clemencia. Tregua. 
No es bonito. No es épico. No es un lejano recuerdo del que algún día te reirás. Lo siento, pero no.










_Aún cuando he sido egoísta, te he puesto a ti por delante. Siempre.






Cinco.

lunes, 22 de julio de 2013

Boo.

La sensación de que con el simple hecho de respirar, estás hiriendo a alguien. Que da igual lo que hagas, da exactamente igual lo que te esfuerces, algo terminará por estallar en mil pedazos. Te rompes la cabeza y el corazón intentando mantener juntos retales que tú misma te has encargado de descoser.
Y notas cómo vuelve esa sensación. Una vieja conocida. Una antigua pesadilla que vuelve a materializarse ante ti. 
La culpa se instala en cada músculo. En cada movimiento del reloj. Notas cómo cada recuerdo, cada palabra cobra vida. Cómo el nudo que tienes en la garganta se vuelve más denso. Cómo cuesta respirar. Cómo te fallan las fuerzas para seguir haciéndolo. 

Que sabes que pagarías con gusto si pudieras llevar tú sola esa carga sobre los hombros. Porque esa carga lleva tu nombre. No el suyo.




_Egoísta.
Me llegó al alma. Me resquebrajé.




M,